La pollera se reinventa para sobrevivir

La intención de darle un vuelco a los materiales es estimular las ventas y evitar que se dejen de utilizar y que, a su vez, se borre la tradición de ver a las cholas cuencanas por las calles de la capital azuaya.

Experto

Los colores vivos del terciopelo como el fucsia, verde navidad, azul eléctrico, naranja y rojo son los tradicionales, pero además debe tener “cinco anchos”; explica Ernesto Peña un experto en la elaboración de esta prenda representativa.

El hombre detalla que cada ancho mide dos metros, por lo que una pollera tradicional lleva 10 metros de terciopelo. “La cantidad de material es para lograr hacer más pliegues y que se dé el movimiento natural de este tipo de faldas mientras que las cholas caminan”, agrega.

Además, las flores bordadas  a mano que van en la parte inferior de la pollera y la decoración con lentejuelas e hilos dorados o plateados son detalles que encarece la prenda.

“Una original, como las que se utilizaban en la época de la Colonia cuesta mínimo 300 dólares, es el precio real”, asegura el experto en costura. Esta pieza se empezó a utilizar en 1650, aproximadamente.

Las mestizas, o sea las hijas de indígenas y españoles, estaban destinadas a utilizar esta prenda. La podían llevar por las rodillas para trabajar cómodamente en los sembríos o en casas de familia, pero también había polleras más largas que se utilizaban para ocasiones formales.

Ahora Peña opta por otros tipos de telas como la gamuza, que son más económicas. Para hacerlas aún más económicas no les bordan las flores en la parte baja. Una pollera de este estilo puede costar entre 25 y 40 dólares, dependiendo de la talla y de los colores.

 Alternativa

El bolsicón es otra de las alternativas que hay en el mercado para vestir como una chola y ahorrar dinero. Se trata de una pollera, pero sin bordados, solo lleva sesgos de la misma tela y se los llama “barrendera”, que es una cinta de algodón colocada en el borde interno inferior, para protegerlo del contacto con el suelo.

Una de este modelo puede costar 80 dólares o menos, dependiendo de la capacidad de regateo del cliente. Las costureras que tienen sus locales cerca del mercado 10 de Agosto, en el Centro Histórico, también han optado por vender los bolsicones.

“Yo tengo de esas polleras, pero las uso solo para trabajar en casa o en el campo. Para salir a trabajar me gusta usar las que son bordadas”, asegura mama Silvia Baculima, una eterna usuaria de la vestimenta tradicional.
Además que los bolsicones no tienen la cantidad de pliegues que requiere la pollera, es mucho más sencilla y no se requiere de gran cantidad de tela para confeccionarla.

FUENTE: DIARIO EL MERCURIO

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